Susana Gutt, médica nutricionista y jefa de la
especialidad en el Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina, explicó que “Comer en el escritorio mientras se hace
otra cosa es una forma de no registrar lo que se ingiere. La atención está en
otra tarea. La memoria no graba ni el acto de comer ni lo que se come. Y no
registrar conduce a no seleccionar”.
Al no salir del ámbito laboral para comer, la
elección de alimentos se restringe a las hamburguesas, sándwiches, porciones de
pizza, galletitas. Todos hipergrasos y económicos. Si a esto se le suma el
sedentarismo y el consumo de café típico en oficinas, se propician el sobrepeso
y los problemas gastrointestinales.
Comer frente a la computadora, incorporado como
hábito, es una práctica que suma más estrés laboral y que agrede especialmente
al sistema digestivo.
Renunciar al descanso de la comida hace que la digestión
sea más pesada y no da tiempo para liberar la tensión nerviosa.
“Una de
las maneras de no registrar los que se ingiere es, en lugar de sentarse en la
mesa con platos o cubiertos, comer parado o picoteando”.
“Es típico tener galletitas en el cajón, y recién cuando termina el día se dan cuenta de que
comieron todo el paquete.”
Que podemos cambiar?
- Tomarse al menos diez minutos exclusivamente para comer, aunque sea en el escritorio de trabajo. Lo ideal sería disponer de media hora y salir del ámbito laboral.
- Introducir variedad en los alimentos, evitar los fritos, y preferir los livianos de fácil digestión.
- Prestar atención y concentrarse exclusivamente en el acto de comer realizándolo despacio y masticando bien los alimentos y, si es posible, utilizar cubiertos.
- Realizar colaciones a media mañana (por ejemplo una fruta como la manzana) antes del horario pico de trabajo y dejar el almuerzo para más tarde.
Tomado de www.salutia.net

